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sábado, 22 de octubre de 2011

La mentira.

La mentira se ha impuesto, mentimos sin
ningún pudor, algunas veces por lo políticamente correcto, otras
por consideración y muchas otras por justificación, y no olvidemos
la mentira como manipulación. La sinceridad es un valor en desuso,
habitualmente se considera a la sinceridad como algo nefasto, irrespetuoso,ofensivo, insultante.
Decir lo que pensamos, lo que sentimos supone en infinidad de ocasiones discusiones, enfados y malos rollos. ¿ por qué?, supongo que no gusta escuchar la verdad, aunque
sea la de otro, somos incapaces de escuchar con sentido crítico,
valorando las infinidades de posibilidades que nos brindan los
comentarios ajenos, que nos alejan de nuestras autojustificaciones,
que nos limitan y enquistan.
El valor moral de la mentira no voy a cuestionarlo, simplemente diré que estoy en contra en cualquier circunstancia, situación o posibilidad, el mentir hace daño a la
larga, oculta intencionadamente y sobre todo subestima a la persona a
la que se le dice la mentira, y no voy a comentar la mentira como
manipulación porque para mí es lo más deleznable que se puede
hacer hacia otro semejante porque eso supone considerarlo tonto,
idiota, menospreciarlo como igual.
Ser sincero contigo mismo es más que
decir tu verdad, es ser sincero en tus actos, en tus opiniones y en
tus valores, antes que mentir es mejor callar, aun teniendo que
morderse la lengua.
El lenguaje no verbal ha sabido
descifrar las señales que nos advierten cuando alguien miente, pero
son tan sutiles que si no estas en absoluta concentración no eres
capaz de verlas y menos cuando estás interactuando en ese momento
con la persona en una discusión acalorada.
Y no olvidemos a las personas que
mienten sistemáticamente y no conformándose con ello también
vierten calumnias sobre otras personas por envidia, odio, rencor,
intereses económicos u otras razones varias. Pero aún así seguimos
consintiendo y escuchando a estas personas, por llamarlas de alguna
forma,¿ pero quien tiene más delito el que lo hace o el que lo
consiente?, que responda cada uno en su juicio y valor ético.
Según me hago más mayor entiendo
menos la mentira, la consiento menos y sobre todo la aparto todo lo
que puedo de mi vida, no consintiendo a quien la dice y menos a quien
sabiendo certeramente que la dice, escucharla.
Enseñar es trasmitir valores que nos
mejoren, que nos dignifiquen como especie, perpetuar lo que hemos
sido capaces de evolucionar y no involucionar mintiendo u ocultando
verdades.
Aclaro, ser sinceros no es ofender
vertiéndola de forma brusca o malintencionada, ser sincero puede
hacerse de manera respetuosa y sin dañar .
En los momentos que vivimos, convulsos,
repletos de acontecimientos llenos de violencia, de miedo, de odio,
de guerras donde los gobiernos nos mienten manipulándonos, nos
ocultan las verdades pensando que no somos capaces de entender, nos
cuentan milongas para creer lo que queremos creer, suponemos que
ellos saben más y les concedemos ya no sólo el beneplácito de
nuestros pensamientos sino el poder de decidir por nosotros sin
nuestra supervisión o consentimiento alimentándolos para ser
terroristas, asesinos, abusones del poder, ladrones y mentirosos
maliciosos sin límites. Y no conformándonos con esto trasladamos la
mentira a nuestra vida diaria para justificarnos y justificar hechos
que en otras personas condenamos y perseguimos.
Seamos coherentes y aprovechemos la
vida para ser sinceros con nosotros mismos y con los otros.
Cuando la experimentes y te des cuenta
que no pasa nada, que todo sigue igual pero con una gran diferencia,
cuando eres sincero no te engañas y por lo tanto no engañas a
otros.
¡Pruebalo!

jueves, 11 de agosto de 2011

Aversión.

Pensar en la aversión es pensar inmediatamente en alguien o algo que nos repulsa, nos produce malestar incluso en extremo asco. Somos seres de grandes pulsiones, o conmigo o contra mí, manejar la aversión es uno de los grandes retos en nuestro mapa emocional, cuando llegamos a este punto es como acercarnos a un abismo e intentar seguir sin caernos, porque el paso más difícil es aceptarlo, trabajarlo y sobre todo reconocerlo, negamos tener aversión lo matizamos con adjetivos leves, me molesta, me inquieta, me desagrada, me disgusta, pero reconocer la pasión de la aversión eso son palabras mayores.
Junto con la ofuscación, la avidez si unimos la aversión configuran el trío más dañino y perturbador de la mente, una zona oscura llena de vacío y miedo. Que nos lleva a ser conscientes de sentir aversión, solamente cuando hemos entendido que las emociones nos invaden por oleadas, igual que vienen se van, pero el que se vayan no significa que desaparezcan simplemente se retiran para volver con más fuerza, por eso conocer su mecanismo nos hace entender y poder enmendarlo.
No todo nos puede gustar, no todo nos complace, no todo nos atrae, pero sabiendo medir la intensidad de lo que sentimos hacia ello podemos comprender el porque de la aversión, puede producirnos cólera, odio, rencor a fin de cuentas nos ponzoña la mente y lo peor de todo no nos deja valorar, amar, agradecer lo que si nos gusta, complace y nos gratifica.
La aversión nos daña oponiéndonos a lo que no queremos lo atraemos una y mil veces hasta contaminar nuestros pensamientos de rencor y de negatividad.
Que hacer para evitarla, simplemente entendiendo que siempre va a haber algo que nos produzca rechazo y encontrar los mecanismos desde nuestra posición para manejarlos y asimilarlos. No dejes que lo desagradable perturbe tu mente y dejes de ver todo lo que te produce gran satisfacción o pequeña eso da igual. Alimenta tu alma buscando reductos para canalizar lo molesto, irritante y no te centres en lo nefasto de un mundo lleno no solo de cosas desagradables sino de personas que cuanto más lejos mejor.

miércoles, 27 de julio de 2011

Avidez.

La peor consejera de nuestra vida, nos ciega y nos conduce a sentimientos de envidia, malevolencia, crueldad. Su sutil mecanismo que arraiga en la mente, nos enfoca al sufrimiento, al deseo incontrolable de consumir no solo cosas materiales, sino también emociones, sensaciones incluso personas.
Esta perversa tendencia de buscar cosas agradables y desechar las desagradables nos conducen a una inevitable adicción, en sus inmensas formas y niveles. Máxime con esa mórbida tendencia del ser humano a la insatisfacción.
Desear es humano pero no saber controlar esos impulsos de acumulación, apegos y necesidades nos hacen entrar en círculos que se retroalimentan, y acaban emponzoñando nuestra mente.
El máximo grado de avidez sería la codicia, con una desmesurada ansía de poseer, tener, conquistar, ganar, acumular. Uno de los mayores errores de la mente es el apego, el vínculo excesivo con cualquier cosa o emoción. Por lo tanto nos hace miedosos e insatisfechos con lo obtenido o poseído.
Cuando el buscador de su universo interior comienza a investigar la mente descubre que la misma tiene una tendencia a rechazar lo que es y a perseguir lo que no es, apreciar lo que es y aprender de ello para no impacientarse sobre lo que no es y crearse ansiedad.
Un antídoto para la avidez-apego es la generosidad, pero no la entendida como caridad, ni desprendimiento de lo sobrante, sino como un acto de amor sincero y real hacia los demás, demostrando gratitud.
“Nuestros deseos y nuestras aversiones son dos monos que viven en el árbol de nuestro corazón, mientras lo sacudan y zarandeen con sus brincos y sobresaltos, no puede haber reposo” (Yoga-Vashishtha).
Un cuento ilustra mejor que nada lo que os he contado: *** Un mendigo que vivía de la caridad hacia muchos años, un buen día se encontró con un viejo amigo, el cual estaba en muy buena posición, este al verle le ofreció ayuda, contándole que tenía un don, todo lo que tocaba lo convertía en oro, toco un ladrillo y le dijo con esto no necesitarás nada, pero el amigo mendigo le dijo.-la vida es tan larga, entonces eligió algo más grande y se lo ofreció pero el mendigo volvió a repetir.-la vida es tan larga, algo molesto le preguntó que quieres entonces, y muy tranquilo le contestó TU DEDO. (Os recuerda la leyenda del Rey Midas, bueno, los aprendizajes siempre son lo mismo).
FUENTE R. CALLE
MANDALA MIO.