
Últimamente escucho en series, documentales, artículos sobre el síndrome de acumulación compulsiva, que no equivoquemos con el síndrome de Diógenes que es producido por la demencia, la acumulación de basura y falta de higiene. Las personas que padecen este síndrome de acumulación compulsiva pueden parecer “normales” en su vida diaria, sin signos aparentes de que algo ocurra, aunque en ocasiones esta relacionado con otros trastornos obsesivos compulsivos (TOC).Son personas que lo tienen todo acumulado, guardado, ordenado por su criterio, todo lo que ven puede ser objeto de guardar, lo ven con ojos diferentes, todo es susceptible de valer, de usarse ahora o en algún otro momento, acumulan sin medida por miedo a quedarse sin ello o por miedo a no tenerlo cuando lo necesiten, les hace sentirse seguros.
En uno de los casos que vi., la persona llegó a morir sepultada por una torre de periódicos por sufrir una avalancha causada por una trampa que había colocado en su casa para que nadie entrara, se activó en un descuido suyo y el resultado su muerte. Dicho trastorno es relativamente nuevo, se equivocaba con el de Diógenes, pero son diametralmente opuestos, no hay medicación porque sino diría que es invención de la industria farmacéutica, su tratamiento con terapia.
Me pregunto si no vivimos en una era donde los trastornos compulsivos proliferan como setas, donde nuestra salud mental está dañada a niveles que incluso consideramos “normales”, quizás este maremágnum de situaciones, estreses, miedos, temores, incertidumbres, desconfianzas, hagan que seamos compulsivos con situaciones que tendrían que ser corrientes como lavarnos las manos, salir a la calle, ordenar, tirar, y un sinfín más, esto solamente confirma lo que todos intuimos, estamos desequilibrados, unos más otros menos, unos lo reconocen otros lo niegan, pero todos somos algo compulsivos en alguna actividad de nuestra vida.
Ahora bien sin llegar a hablar de la normalidad, palabra que no me gusta, porque ¿quien define normal?, nadie.
Lo que sí diría aquí es que cuando fluctuamos entre los extremos nos alejamos del centro, es decir, del equilibrio, alguien bastante más sabio dijo “la virtud está en el medio”(Buda), pues eso tenemos que tender a equilibrarnos, a armonizarnos, a buscar ese punto donde somos capaces de no obsesionarnos, donde somos capaces de entender que las cosas son cosas, que los apegos llevan al miedo de la perdida, que venimos sin nada y por mucho que queramos nos iremos sin nada, por mucho que busquemos entierros fastuosos, nos vamos sin NADA. Aprendamos a vivir autoanalizándonos, usando esa voz interna que nos dice muchas veces ¡cuidado¡te estas alejando de lo que te hace sentir bien, incluso feliz. Si tu balanza empieza a desequilibrarse, para, piensa, reflexiona, analiza, siente, llora, y vuelve con fuerza para equilibrarla.
FOTO- Autor:Arman Fecha:1961 Museo:Museo Ludwig















