viernes, 6 de julio de 2012

Utopía, sueños, deseos..., o simplemente " simpleza".

Hace tiempo leí este libro, en su momento me hizo reflexionar bastante, pero como no era el momento, lo coloqué en la estantería y mi camino continuó su evolución, yo por ese entonces estaba inmersa en una visión del mundo que me habían trasmitido en mi educación y yo no me molesté en reflexionar y dí por valida.
Con los años volví a él, era la época que este país vivía con la falsa bonanza de una economía de ricos y de él saqué muchas enseñanzas que me sirvieron en la siguiente etapa de mi vida.
Ahora que el país va cuesta abajo y sin frenos, donde ni tan siquiera vemos el fondo, los recortes, la desesperanza y el miedo parecen ser nuestros consejeros, quizás solo quizás es el momento de entender que otro mundo puede ser posible, y que los cambios son de dentro hacia fuera y que solo así podemos cambiar algo.
Yo ya he decidido y ¿TÙ?.

“Ahora no tengo nada.
Soy una persona sin techo,
                           pero ante todo una persona libre”
“Mi actividad, que tiene como misión llamar la atención sobre la injusticia,
es mi vocación. NO NECESITO VACACIONES.
Ése es uno de los errores de nuestra sociedad,
que separa ocio y trabajo, porque la mayoría hace algo que
no le gusta sólo por ganar dinero
y gastarlo en cosas que no necesita

Heidemarie Schwermer

El ejemplo de Heidemarie Schwermer se resume en un gesto: cuando cobró el dinero de los ingresos correspondientes a la publicación de su libro “Mi vida sin dinero” lo repartió entre mujeres maltratadas, asistentes sociales y diversos colectivos de ayuda. Y es que ella no lo necesitaba.

Su historia comienza cuando en 1994 crea una sociedad de trueque en Dormund, uno de los primeros de Europa. En él se intercambian tareas, no dinero: si tú sabes cocinar y me haces la comida, yo te arreglo el coche… Éste tipo de transacciones suponen un cambio radical en el sistema de concebir la economía…

Para empezar, tiene un efecto de refuerzo de la personalidad y de la confianza en uno mismo: ofreces lo que sabes hacer, con lo que la alienación que produce el formar parte de un trabajo que no te motiva y que no tiene nada que ver contigo desaparece.



Al mismo tiempo tiene un efecto absolutamente corrosivo hacia la estructura basada en el poder del dinero-deuda: como es una práctica basada en la confianza mutua y la solidaridad, destroza los convencionalismos bancarios basados en el “tanto tienes, tanto vales”.

Aquí ésta frase no tendría significado pues como todos sabemos hacer algo, todos somos igual de importantes. De hecho Heidemarie remarca la importancia de la igualdad en los intercambios.

En 1996 dio un paso más en su compromiso y decidió llevar a cabo su idea de vivir sin dinero. Regaló sus muebles, sus libros, dejó su casa de alquiler: el dinero lo recibieron sus hijos. Y empezó a vivir de acuerdo a los principios de intercambio de tareas: a cambio de cocinar para cinco personas tiene techo, o a cambio de terapias tiene internet o teléfono móvil. Y se considera tremendamente feliz.

Su postura no es fruto del momento: es la consecuencia de un análisis frío y racional del mundo donde vivimos. Por cierto: para el 2010 se anuncia un documental con su experiencia…

Estas son sus palabras en una entrevista de La Contra de la Vanguardia el 9-4-2002.

¿Cuánto dinero lleva usted encima?
Nada de nada.
¿Ni un solo euro?
¡Mis dedos no han tocado todavía un euro! Vivo sin dinero desde hace ya seis años.
¡Seis años! ¿Y de dónde saca la comida?
Me la dan en un restaurante biológico. A cambio, yo les cocino, les limpio…
¿Y la ropa?
Sé de personas con las que puedo intercambiarla.
Lleva al cuello un collarcito…
Un regalo. Yo también regalo cosas.
¿Como qué?
Mi tiempo, mi ayuda, mi conversación, mis habilidades… O las intercambio por un bono de autobús. El otro día ayudé a unos padres a resolver un conflicto con sus hijos y me regalaron sus pases para la ópera.
¿Entiende usted de niños?
Fui profesora de niños, y lo dejé. Luego fui psicoterapeuta, y lo dejé también.
¿Por qué?
Yo me hice profesora porque quería mejorar el mundo. Pero no avanzaba: el sistema educativo está concebido para alimentar el intelecto de los niños, pero no el corazón.
¿No exagera?
A los niños se les orienta para ser competitivos en algo, y así conseguir un trabajo y que ganen dinero y más dinero. ¿Eso es todo, señores? ¿Y qué pasa con sus vidas? ¿Lo ve? ¡Todo está enfocado a tener y no a ser!
Y cambió la pedagogía por la psicología.
Sí. Me especialicé en terapia gestáltica y ganaba mucho dinero en mi consulta. Tuve 15 coches sucesivos, una casa llena de cosas… Y tampoco me pareció que así el mundo mejorase mucho…
Y dejó también la psicología.
Lo dejé todo. Fui regalando a vecinos y amigos mis libros, el coche, mis muebles, mis pertenencias… Cuando el salón de casa quedó vacío… ¡me puse a bailar, a bailar..! Me sentí tan ligera, tan libre, tan feliz…
¿Y sus cuentas corrientes?
Mi madre siempre decía: “¡Cómo me gustaría que me tocase la lotería para regalaros dinero!” Eso hice yo con mi dinero: lo repartí entre mis hijos y luego cancelé las cuentas.
¿No le han dicho que está loca?
Sí, muchas veces. Pero que conste una cosa: yo no incito a nadie a que haga como yo.
¿Y por qué hace esto?
Empecé a plantearme si realmente necesitamos tantas cosas, y comprar y comprar. Y me convencí de que no, de que son posibles formas de vida que no pasen por el dinero.
El dinero, como símbolo del coste de las cosas, es un invento práctico, comodísimo.
Fue un gran avance, es verdad, muy útil para el intercambio… hasta que se convirtió en un valor en sí mismo, y acumularlo es la meta, y su posesión mide el valor de la gente: “tanto tienes, tanto vales”. ¡Estoy en contra!
Cuando su casa quedó vacía, ¿qué hizo?
Abandonarla. Unos amigos iban de viaje y me dejaron la suya a cambio de arreglarles el jardín. Ahora duermo en la buhardilla de la oficina de unos amigos. Yo les limpio y me ceden también el uso de un ordenador.
¿No es una vida muy dura?
Al principio lo pasé mal. No quise pedir ayuda a nadie. La soledad… Fue duro. Pero, poco a poco, haciendo trabajos a cambio de cosas, creando una red de trueque…
¿Cómo es eso?
Fundé con otras personas, en Dortmund, un centro de intercambio de “dar y tomar”: cada uno da lo que tiene y toma lo que necesita. Clases de cocina por clases de idiomas, un par de horas de canguro por un corte de pelo, pintar un piso por arreglar un jardín…
No me imagino viviendo sin un duro…
Pues yo, ahora, ¡soy más rica que nunca! Tengo de todo. Y hago lo que me apetece…
Yo tengo que pagar el cole de los niños.
¡No le pido que haga usted como yo! Pero le sugiero pensar esto: ¿puede prescindir de algunas cosas por las que hoy se afana tanto?
Seguramente sí. Parece usted Jesús diciendo: “Si tienes dos túnicas, regala una”.
Ja, ja. O lo de “las flores del campo no necesitan vestidos, ni los pájaros casa”, ¿eh? Sí… ¡yo hasta abandoné la seguridad social!
Imagínese que se pone muy enferma.
¡No imagino eso! Si imaginas algo, induces que suceda… Y si quieres algo, lo logras.Entre mis amigos hay médicos que me cuidarían, y yo les compensaría luego.
No pagará usted impuestos, claro.
No. Como no tengo domicilio fijo, no tengo ni derecho a voto. Soy una “sin techo”.
Alguien podría decirle: “Es usted una mujer antisocial y una insolidaria”.
Y me lo han dicho. Que soy una vaga, una aprovechada… ¡Es muy injusto! Mi idea es que pueden hacerse cosas, cooperar y trabajar mucho sin que medie el dinero. Y lo hago. Verme hacerlo da rabia a cierta gente.
Descríbame cómo sería su mundo ideal.
Un mundo de individuos responsables: cada uno toma lo que necesita y da luego lo que puede: ¡todo el mundo tiene algo que ofrecer! Por ejemplo, en esta cafetería yo me tomaría un café y me iría… Se entiende que luego, en otro sitio, yo daría algo, un servicio, un trabajo, una ayuda a otro. ¡Serían menos horas encerrados trabajando en fábricas y habría más relaciones interpersonales! Y se acabarían los abismos entre ricos y pobres.
Primero deberíamos ser todos santos.
Todos debemos mejorarnos a nosotros mismos: esto es muy importante y es viable.
¿Y qué hace con lo que gana con su libro?
Lo he repartido. Y ahora pido que me remuneren lo que escribo con servicios.
¿Aguantará usted así… hasta el final?
Sí, ¡me gusta mi vida! Escribo, hago cada día lo que me apetece: vivo. ¡Soy muy rica!

ENTREVISTA OBTENIDA DE UNA REVISTA, QUITAPESARES, EN INTERNET.

8 comentarios:

  1. El último regalo que he hecho está en un sitio que amo, a la disposición de gente que aprecio y que también me ha ayudado a mí, de una u otra forma.

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    1. Esos son los mejores regalos.
      Gracias por tu comentario.
      Saludos.

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  2. Cuándo el abrazo que das
    es el mismo que necesitas
    la vida se hace exquisita

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    1. Que ricos son los abrazos de corazón.
      Besos poeta.

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  3. me parece una forma de vida idonea esa de vivir sin la presion del dinero ...lo malo es que en este modo de juego ya no es posible la vuelta atras ...me hubiese gustado haber vivido en esos tiempos tan lejanos donde lo unico que necesitabas eran tus manos y un lugar donde encender un fuego para cocinar lo que la naturaleza te ponia enfrente ....¡ lastima que ahora hasta para plantar un huerto tengas prohibiciones !. En fin querida mia espero que algun dia no muy lejano podamos liberarnos de la esclavitud ...mientras recibe un beso muy cariñoso de mi parte ...¡MUACCCC!

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    1. Dentro de los límites que unos intentan imponernos podemos elegir como vivir, no creo que la vida en esa epoca fuera nada idilica o fácil, pero sin lugar a dudas las expectativas ayudaban a disfrutar de cada día como si fuera el último.
      Las prohibiciones a veces son buenas para saltarselas y desarrollar la creatividad.
      Un besazo grandísimo para tí.

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  4. Una excelente sugerencia para reflexionar y meditar. Gracias amiga.
    Es hora de enfocar nuevos sistemas, transiciones para el que nos va mostrando nuestra creatividad.
    Hemos vagado ya durante muchos milenios. El cambio está en el lenguaje de nuestro corazón, donde el valor no es cuestión de precio.
    Besabrazos creativos. TQM

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    1. Gracias a tí amiga por tus palabras y tu visita. Es tan agradable que en los momentos en los que nos movemos rodearse de seres positivos, dulces y llenos de inspiración.
      Estoy totalmente de acuerdo contigo. Cada día tengo más claro algo, mi vida no tiene precio, y mi felicidad no es nada relacionado con lo material.
      Besos- abrazos- y fuerzas llenas de mucho amor.TQM.

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